miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 1: Ashura en Inel

- ¿Nombre?
- Ashura.
- ¿Delito?
- Delitos...
- ¿Delitos? ¿Más de uno? Vaya, vaya uno duro de pelar...- el buscador de pelo rubio muy corto, estatura alta y gesto simpático se frotó las manos con impaciencia.- ¿Qué delitos?-
- Espionaje a los Consejeros de Dios, encerró y finalmente mató a Ocren, que como bien sabes, es... bueno, era... un miembro de los Administradores de Metrópolis. También organizó un pequeño grupo de rebeldes. Al parecer los envió a una muerte segura: según lo que sabemos su misión era "recuperar Metrópolis" y para eso debían de matar a otro Administrador; el que fuera. En cualquier caso, sabemos que ese no era su objetivo, puesto que la gente que envió no era algo realmente preparado para llevar a cabo esa misión, no costó deshacerse de ellos. En ese momento, aprovechando la confusión, escapó hacia las Cavernas Heladas. Estaba en busca y captura-
- ¿Cómo supieron hacia dónde se dirigía?-
- Activaron los controles por radar, los nuevos que montó Ocren, antes de morir claro está... detectan cualquier fuente de karma del tipo de Ashura. En realidad fue un poco angustioso, puesto que al principio el detector funcionó mal; generaba dos señales en puntos distintos, pero se arregló rápidamente- explicó el buscador de facciones duras a pesar de ser uno de los más jovenes de su clase, pero entre su despeinado pelo y sus ojos marrones parecía un chiquillo travieso más que un adulto.- yo sentía admiración por ese tio...-
- Y yo... pero piensa que ahora Ashura se pudrirá el resto de su vida aquí, esto es mucho peor que una muerte... ojala que la agonía le coma el alma...-
- Si... no merece ni la muerte...- corroboró con una mueca de odio.- bueno, cuando se supo exactamente que estaba allí refugiado, tomaron medidas totalmente radicales recomendadas por Él...: dragones-
- ¡¿Dragones?!- se sorprendió el rubio.
- Así es... y lo increíble es que dicen que enviaron a todos, y el se los cargó el solo, quedando en un estado físico lamentable...-
- No te creas ese tipo de historias amigo... los rumores estúpidos se extienden rápidamente- se rió con ganas.
- Seguramente...
- ¡Bah, no hagas caso!- dijo con despreocupación.
- De todas formas... hay otra cosa extraña- frunció el ceño.- después de eso enviaron a un pelotón de reconocimiento para verificar la derrota de Ashura, pero informaron de que no solo había sangre de dragón y del propio Ashura, sino de otro cuerpo humano, según han analizado, de sexo femenino-
- ¡Entonces no estaba solo!
- Bueno... ya le han intentado sonsacar de mil maneras lo que ocurrió, pero lo único que dice es la estúpida frase de: "Ese día vendrá, romperá la monotonía, recuperaré mis fuerzas, tendré paciencia..." y sonríe-
- Pues eso, el típico bocazas medio chalado- dijo quitándole importancia.

Los dos buscadores vestidos de negro, observaban a los prisioneros. La mayoría estaban comiendo como cerdos, sin ningún tipo de pudor o respeto. Sin embargo, había uno que estaba solo en una esquina, de pie, mirándo al cielo.

- Siempre hace eso, desde que entró, hace eso... todos los días que sale...- dijo señalando a Ashura.
- Menudo loco-
- Ya te digo, se ve que esto de vivir en Inel le ha afectado más rápido que a los demás- corroboró con una sonrisita apestosa.

Inel era la única prisión de Metrópolis. En ella, los internos estaban totalmente controlados y no tenían ningún tipo de derecho. Ni siquiera podían saber la hora, lo cual acababa desconcertándolos. Incorporaba grandes tecnologías para que los reclusos pudieran ver e incluso oler el cuelo, en vez de mirar un falso holograma, que era la antigua manera de que lo vieran puesto que sino se escapaban -los que tenían habilidades para ello- y como eran muy pocas las veces que salían al patio, debían de "coger aire" para aguantar vivos y así sufrir más tiempo en Inel; esas veces que salían al patio era cuadno los buscadores revisaban las celdas en busca de algo sospechoso, lo cual era tener prácticamente cualquier cosa, por ello nadie tenía ningún objeto que no fuera lo exclusivo: ropa. Pasaban 24 horas al día y lo único que podían hacer era: comer, dormir y andar en 5 metros cuadrados. Al principio entre las torturas diarias, el no ver nunca el exterior, el que nunca apagaran las luces y demás atrocidades, la mayoría acababan volviéndose locos y se intentaban suicidar. Se dejaban crecer las uñas para luego encerrarse en su celda y degollarse poco a poco y en silencio, para que no les descubrieran. Cuando los buscadores controlaron el asunto, comenzaron a matarse unos a otros como "favores", les rompían la cabeza contra cualquier muro o cosas parecidas. Cuando forraron techo, paredes y suelos de goma, se ahogaban a sí mismos. Aguantaban el aire en sus pulmones hasta la muerte. En ese momento la propia Administración de Inel y de Metrópolis tomaron medidas.

Inventaron un generador de karma especializado para Inel. Consistía en 64 hilos de karma en constante flujo que estaban sujetos a 64 articulaciones de los prisioneros, puesto que los hilos podían atravesar paredes; estaban las 24 horas del día con esos hilos y en cuanto el generador detectara algún acto de suicidio o agresión, por ejemplo, ahogarse, movería las articulaciones necesarias para soltar el aire y seguir respirando. Por lo tanto desde entonces fue totalmente imposible suicidarse, puesto que tampoco se podían matar unos a otros. La Administración se sentía orgullosa por este invento que corrió a cargo de Ocren, pero que realmente quien tuvo la brillante idea fue Morint, el braazo derecho del líder de la Administración.

- Eh... está diciendo algo ¿no?- preguntó el buscador de pelo rubio, mientras miraba a Ashura- trae los prismáticos-
- Parece que sí...- afirmó el otro buscador, entregándole los prismáticos entrecerrando los ojos para intentar ver mejor a larga distancia, puesto que Ashura se encontraba a unos 60 metros de ellos.
- Joder...- dijo con un tono que dejó mostrar algo pánico.- le está pasando algo, según leo sus labios dice... "me siento más fuerte... se acerca".
- Que mal rollo me da este chalado...
- No te parece que tiene los ojos un poco más... ¿azules?, como que el color esta más fuerte...-
- No sé, eres tú el que tiene los prismáticos, además, siempre que le miran a los ojos devuelve la mirada. A la mayoría de la gente no le gusta esa mirada... a mí incluido-
- Ni a mí, pero ahora no se da cuenta, por eso te lo digo- dijo dejando los prismáticos.
- Bueno, voy a preparar algo caliente que aquí hace bastante frío-
- Sí... más de lo habitual...
- ¿Te traigo uno?
- Sí- pidió con una mueca de falso agradecimiento- oye... está sonriendo...

Cojió los prismáticos de nuevo, observando a Ashura de cerca.

- A no... me lo abré imaginado... en cualquier caso, lo mejor será tenerle controlado, no se comporta como los demás y en Inel hay que imponer respeto y disciplina-
- Lástima que no haga algo "fuera de lo normal" y por ello no podamos recriminarle, no hay ninguna norma que diga "no sonrías al cielo"-
- Algo le pillarémos...- dijo terminándo en susurro.
- Será mejor que no te obsesiones- avisó resignadamente el otro.

martes, 16 de diciembre de 2008

Prólogo: El comienzo del final

La calle era estrecha y los pisos que la formaban muy altos, de modo que la luz de la Luna prácticamente no la iluminaba, lo cual la hacía parecer más fría de lo que ya lo era gracias a la temperatura del clima y al echo de que fuera de noche. En ese momento todo estaba en calma, lo único que había en la calle, era una chica. Totalmente inmóvil, apoyada en uno de los lados de la calle. Tenía el rostro cubierto por una capucha y vestía ropas que la tapaban totalmente a excepción de su hombro derecho, en el cual tenía una grave herida. A pesar de parecer débil, su altura imponía respeto.

De súbito se oyeron unos pasos. La chica los oyó y reaccionó: comenzó a andar sigilosamente para alejarse de ellos, pero aun así cada vez el sonido era más fuerte y parecía mas cercano. Cambió de táctica y se enfrento al problema, dándose la vuelta con brusquedad.

Poco a poco se fue vislumbrando una silueta... humana, esta se paró lo suficientemente lejos como para que se escuchara su voz y para que no se la viera más.

- ¿Ya te rindes?- preguntó esta.
- Nunca me rendiré, y menos frente a una pandilla de gamberrillos como tú- respondió en tono déspota.
- Él ya está muerto... ¿no se supone que podéis vivir el uno sin el otro?- volvió a cuestionar la silueta, que comenzó a acercarse de nuevo.
- Exacto, por eso sé que no está muerto...- la chica pareció prepararse para atacar a la silueta, que seguía acercándose.
- Bueno, bueno, tampoco hace falta que lleguemos a esos extremos...¿eh?- dijo en tono burlón la antigua silueta, ahora ya transformada, se veía claramente que era un chico.

Tenía facciones suave, lo cual hacía juego con el color anaranjado de sus ojos y pelo, los cuales también parecían infundir esa sensación.

- Al fin y al cabo... si dices que Él no está muerto, quizás... yo sepa donde está-
- No creas que conseguirás nada de mi con chantaje... Él no lo querría así, por lo tanto yo tampoco- respondió tajante la chica, girándose y comenzando a andar de nuevo, ignorando al desconocido.
- No se si sabes en qué situación te encuentras...- dijo el chico con un ligero tono de advertencia en sus palabras- quizá no tengas otra elección que venir conmigo-
- ¿Eso crees?- la chica volvió a girarse- entonces porque no has intentado ya matarme con esa hermosa espada que llevas oculta entre comillas.

El chico disimuló su sorpresa, pero así era.

- Si te preguntas como lo sé... simplemente por la inclinación de tu espalda, o llevas una espada, o eres un ignorante que no sabe en que postura se debe andar. De cualquier manera... votaría a que simplemente eres un ignorante bastante inocente. También sé que llevas algún tipo de arma blanca por el ruido de tus pasos; uno suena ligeramente más grave que otro. Lo malo es que no sé en cual de las dos piernas lo llevas...- aclaró la chica sin cojer aire, con uno tono de superioridad que terminó en un susurro que al chico se le antojo aterrador.
- Aunque lo sepas...- tragó saliva, la situación no parecía ir como él la había planeado- acaso solo por saberlo, ¿podrás defenderte de ello?-

- ¿Defenderme...? No estoy pensando en eso ahora... no me gusta que me intenten engañar o mentir, y menos si se trata de él... creo que eres tú al que no le han informado... correctamente... seguramente seas del tipo de aprendiz que es una tontería enseñar puesto que no avanzará como los demás, y te habrán enviado en una misión suicida solo para saber si Yo sigue viva- la chica se llevó la mano del brazo sano a la espalda mientras hablaba- lástima que no tenga conmigo mi espada, pero supongo que... ¿sabes? estoy pensando que... como no sé donde llevas el supuesto cuchillo, no sabré... que pierna cortarte, de modo que te cortaré las dos-

Sin mediar más palabra y sin dejar tiempo de reacción al chico, la chica se abalanzó sobre el chico con una rapidez abismal dado su aparente estado de debilidad. Agarró al chico por el cuello con extrema brutalidad, cualquier no hubiera pensando que una chica así pudiera levantar un cuerpo tan fácilmente y de manera tan fuerte. Seguidamente de levantarlo, le estrelló la cabeza contra el duro y mojado asfalto de la oscura calle. Esto le abrió una brecha de la cual comenzó a salir sangre. El chicó intentó reaccionar llevándose la mano a la espalda para cojer la espada y defenderse. Al momentó sintió frío... algo le indicó que mirara hacia abajo. Vio con horror lo que había pasado: sus piernas de rodilla hacia abajo estaban literalmente cortadas y de ellas salía sangre a borbotones. De súbito sintió el dolor proveniente de ellas y comenzó a gritar desesperadamente, desgastándose los pulmones.

- No me gusta que hagas tanto ruido- susurró la chica, haciendo que el desconocido, aunque estuviera gritando, le oyera perfectamente.

Antes de que el chico pudiera tan si quiera reaccionar, la joven empuñó de nuevo su espada, incrustándola sin ningún miramiento en el centro de la pierna; horizontalmente.

La pierna sangró aun más y los gritos desgarraron el aire. La chica hizo más fuerza y la espada se hundió más en la carne del chico, haciendo añicos cualquier hueso o músculo que se encontrara por delante, hasta llegar a los pulmones.

- Así que, como no me gusta que hagas ruido...-

Decidida y con saña, giró la espada dentro del cuerpo del chico y la empujó hacia delante, perforando totalmente uno de los pulmones. El chico calló...

- Estúpido...- dijo la chica con desprecio. Segundos después se tiró al suelo, con la necesidad de descansar. No tenía fuerzas para seguir... por ahora, pero seguiría... hasta encontrarle...

Prefacio: A A

Medio muerto como estaba, me acurruque a su lado en esa fría piedra. Ella me rodeó son sus magullados y delgados brazos, haciéndome sentir más frío.

Juntos nos curamos nuestras heridas... habíamos vencido a costa de un gran esfuerzo y sacrificio, pero estábamos juntos de nuevo, de modo que acabaríamos curándonos... el uno al otro...

Cerré los ojos, notando su respiración... a pesar del cansancio al que acabábamos de someternos, era totalmente pausada y calmada. Noté que la mía también. Se había acabado... por fin podríamos... descansar. Ahí, rodeados por los cadáveres de los cientos de dragones que Él envió para acabar con mi vida, y la suya...

Ahí, por fin... nos limitamos a descansar, en nuestras mentes...