martes, 16 de diciembre de 2008

Prólogo: El comienzo del final

La calle era estrecha y los pisos que la formaban muy altos, de modo que la luz de la Luna prácticamente no la iluminaba, lo cual la hacía parecer más fría de lo que ya lo era gracias a la temperatura del clima y al echo de que fuera de noche. En ese momento todo estaba en calma, lo único que había en la calle, era una chica. Totalmente inmóvil, apoyada en uno de los lados de la calle. Tenía el rostro cubierto por una capucha y vestía ropas que la tapaban totalmente a excepción de su hombro derecho, en el cual tenía una grave herida. A pesar de parecer débil, su altura imponía respeto.

De súbito se oyeron unos pasos. La chica los oyó y reaccionó: comenzó a andar sigilosamente para alejarse de ellos, pero aun así cada vez el sonido era más fuerte y parecía mas cercano. Cambió de táctica y se enfrento al problema, dándose la vuelta con brusquedad.

Poco a poco se fue vislumbrando una silueta... humana, esta se paró lo suficientemente lejos como para que se escuchara su voz y para que no se la viera más.

- ¿Ya te rindes?- preguntó esta.
- Nunca me rendiré, y menos frente a una pandilla de gamberrillos como tú- respondió en tono déspota.
- Él ya está muerto... ¿no se supone que podéis vivir el uno sin el otro?- volvió a cuestionar la silueta, que comenzó a acercarse de nuevo.
- Exacto, por eso sé que no está muerto...- la chica pareció prepararse para atacar a la silueta, que seguía acercándose.
- Bueno, bueno, tampoco hace falta que lleguemos a esos extremos...¿eh?- dijo en tono burlón la antigua silueta, ahora ya transformada, se veía claramente que era un chico.

Tenía facciones suave, lo cual hacía juego con el color anaranjado de sus ojos y pelo, los cuales también parecían infundir esa sensación.

- Al fin y al cabo... si dices que Él no está muerto, quizás... yo sepa donde está-
- No creas que conseguirás nada de mi con chantaje... Él no lo querría así, por lo tanto yo tampoco- respondió tajante la chica, girándose y comenzando a andar de nuevo, ignorando al desconocido.
- No se si sabes en qué situación te encuentras...- dijo el chico con un ligero tono de advertencia en sus palabras- quizá no tengas otra elección que venir conmigo-
- ¿Eso crees?- la chica volvió a girarse- entonces porque no has intentado ya matarme con esa hermosa espada que llevas oculta entre comillas.

El chico disimuló su sorpresa, pero así era.

- Si te preguntas como lo sé... simplemente por la inclinación de tu espalda, o llevas una espada, o eres un ignorante que no sabe en que postura se debe andar. De cualquier manera... votaría a que simplemente eres un ignorante bastante inocente. También sé que llevas algún tipo de arma blanca por el ruido de tus pasos; uno suena ligeramente más grave que otro. Lo malo es que no sé en cual de las dos piernas lo llevas...- aclaró la chica sin cojer aire, con uno tono de superioridad que terminó en un susurro que al chico se le antojo aterrador.
- Aunque lo sepas...- tragó saliva, la situación no parecía ir como él la había planeado- acaso solo por saberlo, ¿podrás defenderte de ello?-

- ¿Defenderme...? No estoy pensando en eso ahora... no me gusta que me intenten engañar o mentir, y menos si se trata de él... creo que eres tú al que no le han informado... correctamente... seguramente seas del tipo de aprendiz que es una tontería enseñar puesto que no avanzará como los demás, y te habrán enviado en una misión suicida solo para saber si Yo sigue viva- la chica se llevó la mano del brazo sano a la espalda mientras hablaba- lástima que no tenga conmigo mi espada, pero supongo que... ¿sabes? estoy pensando que... como no sé donde llevas el supuesto cuchillo, no sabré... que pierna cortarte, de modo que te cortaré las dos-

Sin mediar más palabra y sin dejar tiempo de reacción al chico, la chica se abalanzó sobre el chico con una rapidez abismal dado su aparente estado de debilidad. Agarró al chico por el cuello con extrema brutalidad, cualquier no hubiera pensando que una chica así pudiera levantar un cuerpo tan fácilmente y de manera tan fuerte. Seguidamente de levantarlo, le estrelló la cabeza contra el duro y mojado asfalto de la oscura calle. Esto le abrió una brecha de la cual comenzó a salir sangre. El chicó intentó reaccionar llevándose la mano a la espalda para cojer la espada y defenderse. Al momentó sintió frío... algo le indicó que mirara hacia abajo. Vio con horror lo que había pasado: sus piernas de rodilla hacia abajo estaban literalmente cortadas y de ellas salía sangre a borbotones. De súbito sintió el dolor proveniente de ellas y comenzó a gritar desesperadamente, desgastándose los pulmones.

- No me gusta que hagas tanto ruido- susurró la chica, haciendo que el desconocido, aunque estuviera gritando, le oyera perfectamente.

Antes de que el chico pudiera tan si quiera reaccionar, la joven empuñó de nuevo su espada, incrustándola sin ningún miramiento en el centro de la pierna; horizontalmente.

La pierna sangró aun más y los gritos desgarraron el aire. La chica hizo más fuerza y la espada se hundió más en la carne del chico, haciendo añicos cualquier hueso o músculo que se encontrara por delante, hasta llegar a los pulmones.

- Así que, como no me gusta que hagas ruido...-

Decidida y con saña, giró la espada dentro del cuerpo del chico y la empujó hacia delante, perforando totalmente uno de los pulmones. El chico calló...

- Estúpido...- dijo la chica con desprecio. Segundos después se tiró al suelo, con la necesidad de descansar. No tenía fuerzas para seguir... por ahora, pero seguiría... hasta encontrarle...

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