domingo, 25 de enero de 2009

Capítulo 2: Chalados, chaladitos.

Llegó a una calle corta y muy iluminada por escasas farolas. El agua de la lluvia reciente cubría el asfalto, dejándolo brillante y resvaladizo. La chica se fijó en el tiempo que había tardado, sabía que era menos, y sabía que no era coincidencia. Pese a no notar nada fuera de lo normal, puso todos sus sentidos atentos, intentando captar cualquier anomalía en el ambiente. Tal y como él le enseñó.



Esta vez se había levantando de mejor humor; había soñado con ella. En un sitio así era una gran tarea el tener algún contacto con cualquier cosa imaginativa. Ese sitio le aburria particular y generalmente. La mayoría de allí estaban chalados o se hacían los chalados o hablaban con los chalados y se volvían así ellos también chalados: la mejor elección que podías tomar era, sin duda, no estar chalado. 

Hubieron un par de veces en las que Ashura barajo el marcharse -o al menos intentarlo- de allí, pero lo descartaba en pocos pensamientos, abrumándose de inconvenientes. Además, quería esperarla...

Hacía unos días, o semanas quizá, conoció a un tipo chalado que el mismo se enorgullecía de estar chalado, y que sin duda quiso enchalarle a él. Le resultó divertido analizar la conducta de este tipo de chalados. En cuanto lo hizo le dejó de resultar interesante. Todos allí parecían buscar un objetivo. Pensó que hasta criminales como aquellos necesitaban cosas como cariño y bondad  -osea, no estaban en el lugar indicado-.

Y allí se encontraba, mirando desde su celda la conducta de los chalados. Parecía una fiestecita de colegialas convertidas en barbudos y asquerosos adultos. Y observando ese desagradable espectáculo de charlas y charlas entre chalados totalmente insulsas, vio acercarse al chalado que le habló el otro día. Decidió burlarse un rato de él, para pasar el tiempo.

Venía mirando hacia los lados, como sino fuera en busca de nadie o como si estuviera muy ocupado en aquella cárcel, donde todo el mundo tienes tantísimas cosas que hacer....

- Hola amigo, ¿te pillo ocupado?- preguntó Ashura, guardándose su tono sarcástico.
- Bueno, tengo un par de minutos si quieres-
- Solo quería comentarte sobre la charla chalada del otro día con todos los chaladitos-  dijo bastante rápido, para que no le entendiera del todo -como si lo fuera a entender porque lo dijera despacio- pensó Ashura.
- Ah, sí, yo también quería hablarte de ello. Se comenta mucho sobre ti, y no se sabe bien lo que hiciste para entrar aquí. ¿A quíen mataste?-
- ¿De verdad os interesa saberlo?-
- Por supuesto- contestó eufórico y con cara de ilusionado.
- Mira, en primer lugar compré un hacha- dijo en voz más alta para que unos cuantos más le oyeran.

Y como moscas esos cuantos más se acercaron a escuchar, se notaba la dura y ocupada vida que llevaban allí, todos los chaladitos rodeando a un chalado que quería transformar a otro en chaladito, y este último pareciéndo el más chalado. Todos chalados.

- Después me dije, que si quería ser merecedero de entrar aquí, tendría que hacer algo muy grave. ¿No es así amigos?- todos asintieron como chalados. -Desde luego- pensó Ashura.
- ¿Y qué hisité?- preguntó un chaladito.
- Ah, pues te conocí a tí, y cambié el hacha por un diccionario- dijo con una mirada de los más amable.
- ¿Y por qué hisité eso?- dijo aun más entusiasmado. - Eso no se podía considerar una pregunta-
- Pues muy fácil, te lo incruste en la cabeza a ti, pero no sirvió de mucho...- el chalado se quedó con cara de muy chalado, mirando a Ashura como si fuera de otro planeta. 

Sin previo aviso, las alarmas sonaron. -las alarmas invisibles-.
Los chalados miraron hacia todos los lados con caras medio asustadas. Ashura se mantuvo quieto y segundos después se metió en su celda con calma y serenididad. Los chalados empezaron a desperdigarse como estúpidas ratas -incluso se parecían en las 4 patas- pensó Ashura, pero borró ese pensamiento, no tenía nada en contra de las ratas.




De repente, escuchó, a unos 300 o 400 metros, a las 6 en punto. A unos 30 metros del suelo, por el corto eco reconoció que estaba dentro de un edificio, fue relativamente fácil, solo fue un descuido por su parte. Ya tenía calculado un enemigo, al cuál perseguía con el oído sin despistarse del resto del ambiente. Al encontrarlo no se movió ni un ápice, como si no hubiera pasado absolutamente nada. Pero en su interior ya estaba preparando a... Blythe.